Si me preguntas cuál es la mejor actividad que le puedo ofrecer a mi hijo, a un niño, a tu niño... (Y, atento porque no importa la edad, ni la tuya ni la de tu niño) Hay dos cosas súper-importantes.
Dos cosas para hacer en familia, juntos y todos los días.
1. Jugar.
Jugar a lo que sea, que sea divertido sin planteamientos didácticos ni pedagógicos, sin patrones definidos, surgidos de los instantes compartidos.
2. Leer.
Leer juntos y "apiñaditos" en torno a un libro, un cuento, una historia, un cojín, una manta... Leer alejados de las técnicas y de los procesos lecto-escritores propios de la escuela. Es un placer sentirse en casa después del cole o del trabajo, olvidémonos un poco. Leer disfrutando sin juicios, sin pruebas, sin exigir leer al que no sabe o está aprendiendo y aquel que sabe leer ofrecer su voz y su guía, y su apoyo, y sus ganas...
Jugar y leer, con la tele apagada, con la emoción encendida y el futuro por delante.
Antes de acabar el día pregúntate si hoy has jugado y has leído con tu/s niño/s.
Si la respuesta es afirmativa, felicítate.
Si la respuesta es negativa, analiza las rutinas familiares y adáptalas. No hace falta que los dos adultos estén siempre juntos con el niño o los niños. Arreglárselas para alternarse o distribuirse las actividades es posible.
Leer construye grandes seres humanos, con mentes abiertas, pensamiento crítico, con capacidad para tomar decisiones, seres humanos con experiencia en otras vidas. Conquistará quizá no el mundo pero sí su vida.
Jugar te hace saber que disfrutas de la vida, que eres capaz de crear y construir un mundo nuevo. El juego juntos nos une en la aventura de vivir, de compartir palabras y movimiento.
Y cuando un día seamos grandes seguiremos leyendo y jugando. Estemos donde estemos y aunque ya no sigamos juntos.
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