Me gusta ver la cara de mis alumnos cuando les cuento que en la época prehistórica el anciano, el abuelo, era el guardián del fuego.
O que en muchas tribus indias son los más ancianos los que constituían el consejo de sabios.
Y son los más ancianos los que contaban historias y leyendas a los niños y jóvenes.
Aprendían lo verdaderamente esencial de sus mayores quienes les enseñaban todo lo necesario para vivir respetando la naturaleza.
Muchos de ellos no se creen que su abuelo pueda ser tan importante. Tan valioso. Tan sabio.
Invitamos a los abuelos a clase con la sencilla excusa de saber a qué jugaban ellos de pequeños, compartir una afición, contar una historia... pero el objetivo es simplemente dejar que el aula se convierta en un escenario intergeneracional donde el más mayor puede sentirse feliz por compartir "un secreto".
Los abuelos son eternos y siempre estarán en nuestro corazón. Hemos de tenerlos siempre presentes en nuestras aulas, en nuestras vidas.
Últimamente estamos tan agobiados por entrenarnos para la vida que nos hemos olvidado de ser simple y maravillosamente naturales, tanto que tratamos a las personas como cosas y son las cosas las que ocupan el lugar más importante de nuestro hogar, nuestro corazón.
No podemos olvidar la diferencia entre cosas y personas.
La siguiente frase que encontré, en alguna lectura ahora olvidada, dice así:
"Las cosas fueron hechas para ser usadas y las personas para ser amadas. La razón por la que el mundo está en caos es porque las personas están siendo usadas y las cosas amadas" (?)
Los abuelos en la Clase de la Luna
Curso 2017-18
Educación Infantil 5 años
¡Abuelos, muchas gracias!
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